El Caballero de la Blanca Luna (II,64)
Ya en
Barcelona, gracias al salvoconducto extendido por Roque Guinart, los acoge muy
amablemente el caballero don Antonio Moreno. Dos días después de un
enfrentamiento con un navío turco, en el que don Quijote queda totalmente al
margen (ahora, precisamente, que la realidad le ofrecía una aventura), llega a
Barcelona un caballero armado de punta en blanco y en cuyo escudo estaba pintada
una resplandeciente luna. Encuentra a don Quijote en la playa y lo reta a
singular combate si no quiere confesar que su dama, "sea quien
fuere", es mucho más hermosa que Dulcinea del Toboso.
El Caballero de la Blanca Luna, que no es otro que el
bachiller Sansón Carrasco, vence a don Quijote y, poniendo la lanza sobre la
visera de éste, le anuncia que va a morir si no confiesa las condiciones del
desafío. Don Quijote pronuncia estas impresionantes palabras: "-Dulcinea del
Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de
la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta,
caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra".
El Caballero de la Blanca Luna replica que se contenta con que don Quijote se
retire a su lugar un año, o el tiempo que le mandare, a lo que nuestro
caballero accede.
A partir de aquí, Cervantes narra el triste regreso de don
Quijote y Sancho desde Barcelona hasta el lugar de la Mancha. Don Quijote cae
enfermo y, poco antes de morir, recobra el juicio, reniega de los libros de
caballería y de las locuras que ha cometido, recibe devotamente los sacramentos
y dicta su testamento.
"Hallóse el escribano presente, y dijo que nunca
había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante
hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como Don Quijote;
el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su
espíritu: quiero decir que se murió"