Los sucesos de la venta y el bálsamo de Fierabrás (I,16-17)
Ya en la venta,
se alojan en un desván donde también duerme un arriero, el cual espera la
nocturna visita de una moza de la venta (Maritornes). Ésta acude al lecho del
arriero y, en la oscuridad, se confunde de lecho y va al de don Quijote, quien
le habla creído de que se trata de una hermosa doncella de aquel castillo que
se ha enamorado de él. Todos acaban en una pelea absurda y chistosa.
Don Quijote y Sancho, molidos y apaleados, yacen en sus
lechos sin saber a ciencia cierta qué ha ocurrido, cuando al primero se le
ocurre confeccionar el bálsamo de Fierabrás, que con su poder
extraordinario les sanará de sus heridas. Don Quijote bebe del bálsamo (mezcla
de vino, aceite, sal y romero) y, tras vomitar, se queda dormido durante más de
tres horas, al cabo de las cuales se encuentra totalmente aliviado. En vista del
resultado, Sancho se decide a probar el mágico bálsamo, pero sus efectos son
distintos: "... y así, primero que vomitase, le dieron tantas ansias y
bascas, con tantos trasudores y desmayos, que él pensó bien y verdaderamente
que era llegada su última hora..." .
A la mañana siguiente y cuando abandonaban la venta, algunos
de sus moradores, gente de baja extracción, gastan a Sancho la broma de
mantearlo alegremente, suceso que recordará con dolor e indignación.