Aventura del vizcaíno (I,8-9)

    Al día siguiente, don Quijote y Sancho encuentran por el camino a un grupo formado por dos frailes de san Benito, montados en dos mulas de alquiler, cuatro o cinco de a caballo que acompañaban a una dama vizcaína que viajaba en un coche y dos mozos. Don Quijote se imagina que se trata de encantadores que llevan raptada en el coche a alguna princesa e interpela al pacífico grupo en los siguientes términos: "Gente endiablada y descomunal, dejad luego al punto las altas princesas que en este coche lleváis forzadas; si no, aparejaos a recibir presta muerte, por justo castigo de vuestras malas obras". Don Quijote acomete a uno de los frailes, pone en fuga al otro, se aproxima al coche y habla en términos caballerescos a la dama. Pero el escudero vizcaíno de ésta le ataja indignado "en mala lengua castellana y peor vizcaína". Ambos se enfrentan y se inicia un combate.
    La batalla entre don Quijote y el vizcaíno queda interrumpida; Cervantes lo atribuye a que el autor no da más notas de ella (Cervantes finge que recopila datos de otros autores y de los papeles de los archivos de la Mancha para ordenar la historia de don Quijote).
    Más adelante, ya en el capítulo 9, Cervantes explica que llega a sus manos un texto arábigo de Cide Hamete Benegeli ("Historia de don Quijote de la Mancha"), en el que se narra el final de la aventura: don Quijote descarga un fuerte golpe sobre su adversario y le conmina a que se rinda. Las señoras del coche interceden por el vizcaíno y don Quijote, como buen caballero, le perdona la vida; eso sí, con la condición de que el vizcaíno se presente ante Dulcinea "para que ella haga de él lo que más fuere de su voluntad".